Una Decision de Ultima Hora

August 14, 2007


Por el hermano Pablo
Fue una decisión de última hora. «Nos
regresamos hoy mismo», anunció Pedro
Nocón. A todos los que festejaban
les cayó mal. Se habían reunido dieciséis
parientes, de distintos lugares, para una
fiesta familiar, y habían estado muy alegres.
Pero por alguna razón que ellos no podían
explicarse, Pedro Nocón, de treinta y ocho
años de edad, decidió regresarse, con su
familia, antes que terminara el evento.
Pedro, su esposa Ampee, y sus hijitas
Glorianne de cinco años y Jillanne de ocho
se subieron al auto y emprendieron el viaje.
Apenas habían pasado una hora en la carretera
cuando la familia entera se vio envuelta
en un masivo accidente. Chocaron
ciento cuatro vehículos y murieron veintisiete
personas, entre ellos toda la familia Nocón.
Y para desgracia, fue una tragedia innecesaria.
Pedro era un próspero contador. Ampee,
su esposa, tenía un buen empleo.
Contaban con amor, compañerismo, dos hijitas
adorables, y prestigio social. Pero Pedro
tomó una decisión apresurada, y la
muerte los esperó a la vuelta del camino.
Todo fue el resultado de esa brusca decisión.
¡Cuántas veces una determinación de
último hora, una decisión producto de alguna
emoción agresiva, tomada a la ligera,
cambia por completo una vida! Y la gran
mayoría de las veces es para tragedia y ruina.
Veamos el ejemplo Bíblico clásico: la
traición de Judas Iscariote. No sabemos si
fue una decisión de última hora. Lo que sí
podemos deducir es que no estaba en su
mente
cuando, tres
años antes,
Judas se unió
a Jesús. Pero
en esa última
semana de la
vida del Maestro,
Judas decidió
traicionar
a su Señor,
y ya sabemos
cuál fue el resultado. Judas terminó
su vida colgado de un árbol por acción de
su propia mano.
He aquí algunos consejos que tratan
sobre el peligro de tomar decisiones a la ligera.
El primero es: No tome decisiones
cuando está en conflicto. Espere a que el
conflicto pase.
El segundo consejo es este: No cambie
de caballo en medio de la corriente. Espere
por lo menos a que salga al otro lado del
río.
El tercer consejo es el siguiente: Dos
cabezas piensan mejor que una sola. Escoja
bien a sus asesores, y huya de consejeros
fracasados. Es importantísimo que nunca
tome una decisión cuando no esté de
acuerdo su cónyuge, ya sea esposo o esposa.
El último consejo proviene de las Sagradas
Escrituras: «Si a alguno de ustedes
le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la
dará, pues Dios da a todos generosamente
sin menospreciar a nadie» (Santiago 1:5).
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